Acabo de empezar ¿qué gastos me estoy olvidando de deducir?
La clave no está en buscar trucos fiscales, sino en guardar bien las facturas, justificar cada gasto y llevar el orden desde el primer día.
EMPRENDIMIENTO


El primer año como autónomo es bastante fácil dejar dinero sobre la mesa por un motivo muy simple: hay gastos que podrías deducirte, pero como nadie te lo ha explicado, ni guardas bien la factura ni los metes en tus cuentas. Y el problema es que el arranque suele ser precisamente cuando más gastas y menos ingresas. No hace falta buscar fórmulas raras: hay cuatro olvidos bastante habituales que merece la pena tener controlados desde el principio.
El primero son los gastos del arranque anteriores a tu primera factura: el ordenador, la web, el software, el asesor o determinados servicios que necesitas para poner el negocio en marcha. Pueden ser deducibles si ya has iniciado fiscalmente la actividad o has comunicado correctamente esa fase preparatoria, están vinculados al negocio y los tienes bien documentados. El segundo aparece si trabajas desde casa: si has afectado una parte de tu vivienda a la actividad, puedes deducir determinados gastos en proporción a ese uso y, en el caso de suministros como luz, agua, gas o internet, la regla general permite aplicar el 30 % sobre el porcentaje de metros cuadrados afectos. No es «me deduzco el 30 % de la luz», como muchas veces se cuenta. El tercero son gastos tan evidentes que precisamente por eso se olvidan: la cuota de autónomos es deducible y también pueden serlo seguros relacionados con la actividad; incluso el seguro médico tiene una regla específica, con determinados límites. Y el cuarto es la amortización. Un ordenador, una máquina o determinado equipamiento que vas a utilizar durante varios años no siempre se deduce entero cuando lo compras: su coste puede ir convirtiéndose en gasto fiscal poco a poco durante su vida útil. La regla que une todo esto es bastante menos emocionante que cualquier truco fiscal: el gasto debe estar relacionado con la actividad, correctamente justificado y registrado.
Y ahí está el verdadero problema del primer año: cuando llega junio ya no sabes dónde está aquella factura, el ticket no identifica correctamente el gasto o compraste algo a tu nombre sin pensar que iba destinado al negocio. Deducir bien no consiste en intentar meter cualquier cosa como gasto; consiste en no pagar impuestos sobre una parte del beneficio que en realidad has tenido que gastar para poder generarlo. Empieza guardando y ordenando las facturas desde el primer día —incluso antes de emitir la primera— y decide después cuáles son deducibles. Hacerlo al revés suele ser la forma más fácil de perderlas.
¿Estás guardando las facturas de tu arranque, o descubrirás en junio lo que podías haber deducido? Si acabas de empezar, en una consultoría de 45 minutos repasamos qué puedes deducir en tu caso y te lo dejo por escrito para que no pierdas nada.
Saúl Hidalgo
Consultoría fiscal estratégica para estructuras corporativas e internacionales.
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