Andorra, Portugal, Dubái o quedarme en España ¿qué me conviene?

La mejor opción no la marca solo la tributación, será la que encaje de verdad con tu vida y tus circunstancias personales.

FISCALIDAD INTERNACIONAL

En cuanto empiezas a ganar dinero de verdad, aparecen los tres nombres de siempre: Andorra, Portugal, Dubái. Y con ellos, un ejército de gente en redes explicándote que cualquiera de los tres es la solución a todos tus problemas, casualmente el mismo que ellos venden. La verdad es más aburrida y más útil: no hay un destino mágico. Hay destinos que le encajan a un perfil y son un error para otro.

Cada opción responde a una lógica distinta y conviene analizarlas sin prejuicios. Dubái es el cero puro: Emiratos no tiene impuesto sobre la renta de las personas físicas, aunque desde 2023 sí grava los beneficios de las empresas por encima de cierto umbral. A cambio, exige irte de verdad, lejos, con todo lo que eso pueda implicar en tu vida. Andorra está al lado de casa y tiene una fiscalidad baja, que no cero: su IRPF llega como mucho al 10% —los primeros 24.000 euros no tributan, y solo lo que pasa de 40.000 paga ese 10%—, sin impuesto de patrimonio ni de sucesiones, pero con requisitos serios de residencia y, en muchas vías, una inversión o un depósito importante para entrar. Y Portugal es el aviso más claro de por qué esto hay que mirarlo actualizado: durante años fue el destino estrella por su régimen para nuevos residentes, el famoso NHR, pero ese régimen se cerró a nuevos solicitantes en 2024 y se sustituyó por otro mucho más restringido, pensado sobre todo para perfiles de investigación e innovación. Traducido: el Portugal que te sigue vendiendo el gurú de turno, para la mayoría, ya no existe. Y eso es exactamente lo que pasa cuando alguien te vende un país como si fuera universal y eterno: las reglas cambian, y lo que ahorras depende de tu tipo de renta, no del sello del pasaporte.

Y hay algo que ninguna comparativa de tres columnas te dice: el mejor destino sobre el papel puede ser el peor para ti. Un país con impuestos bajísimos no sirve de nada si tu negocio te obliga a estar en España, o si tu familia no se mueve, o si el coste de vida y de arraigo se come el ahorro fiscal. Y ojo, porque queda una cuarta opción que casi nadie pone sobre la mesa: quedarte en España y ordenar bien lo que tienes. A veces, cuando echas los números de verdad —contando la mudanza, el desarraigo y lo que cuesta cumplir bien las reglas de salida—, salir puede no compensar tanto como parecía. La pregunta correcta no es «¿cuál paga menos?», sino «¿cuál encaja con mi vida, mi negocio y mi tipo de ingresos, cumpliendo bien las reglas de salida?». Esa respuesta no está en una tabla de internet ni te la va a dar la IA. Depende de tu caso y por eso los que te la dan sin conocerte te están vendiendo algo, no asesorando.

¿Te estás planteando irte y no sabes si de verdad te compensa, o solo te lo han pintado bonito? En una consultoría de 45 minutos lo vemos sobre tu caso concreto —tus ingresos, tu negocio, tu situación— y te entrego por escrito qué opción te conviene y por qué.